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Fruit Logistica 2010
 
4. LA OPINIÓN DEL SECTOR Nº 90 AGOSTO- SEPTIEMBRE 2010
 
La empresa agroalimentaria ante el nuevo ciclo económico

Fruit Logística 2010

Autor: Fernando Faces García · Profesor del Instituto Internacional San Telmo

Probablemente, cuando superemos esta recesión nada será igual y las empresas con éxito serán aquellas que se hayan anticipado, adaptando su modelo de negocio a esta gran transformación. Del lado de la demanda, las empresas tendrán que adaptarse a un mercado nacional que tendrá una menor capacidad de crecimiento y a un consumidor más calculador y exigente, con menor acceso al crédito, una mayor propensión al ahorro y, por lo tanto, una menor propensión al consumo.

La dinámica del incremento del desempleo continuará durante al menos dos años más y el paro superará el 20%. Todo ello, unido a un empobrecimiento de la población como consecuencia de la disminución del valor de la riqueza financiera e inmobiliaria, determinará que en los próximos ejercicios el sector agroalimentario se enfrente a un mercado nacional más reducido y exigente, con la inevitable consecuencia de un exceso de capacidad productiva a corto y medio plazo, un incremento de la competencia y una reducción de márgenes. El escenario descrito conduce a la necesaria reestructuración y redimensionamiento del sector y a la inevitable apertura y conquista de nuevos mercados exteriores.

Los cambios no sólo se producirán en la dimensión del mercado, sino también en su estructura y segmentación. A largo plazo, el creciente envejecimiento de la población y la evolución de los flujos migratorios, modificarán el poder de compra de cada uno de los segmentos de mercado, creando nuevos nichos y estancándose los más tradicionales. Las superficies low cost tendrán un nuevo impulso con tendencia a la especialización por segmentos de mercado. La salud, la conveniencia, la funcionalidad y el medio ambiente seguirán siendo factores al alza en la escala de valores de los consumidores y acabarán incorporándose a los productos estándar o de bajo coste.

Las marcas de distribución se convertirán en las nuevas grandes marcas, produciéndose en paralelo un proceso de concentración de las marcas del fabricante en un número cada vez más reducido de empresas con vocación internacional mediante adquisiciones o fusiones. Las marcas del fabricante con historia, identidad propia, diferenciación y valor añadido percibido sobrevivirán con especialización en determinados segmentos de mercado dentro de una estrategia internacional y local.

La saturación y adelgazamiento del mercado nacional impulsará un renovado proceso de internacionalización de la empresa agroalimentaria, previo redimensionamiento del sector. El poder de compra y consumo mundial se desplazará a los países emergentes como China. Serán los nuevos mercados del s. XXI. Países que hasta ahora los hemos percibido como adecuados para comprar o producir, se convertirán en los grandes compradores de productos finales de este nuevo siglo.
Las grandes cadenas de distribución darán un salto en su proceso de concentración y se harán cada vez más poderosas. El creciente poder de negociación de las grandes superficies y la atomización del sector agroalimentario, unido al exceso de capacidad productiva, la restricción del crédito, la caída de márgenes y la imperiosa necesidad de salir a los mercados exteriores, determinarán una inevitable reestructuración y planteamiento del sector agroalimentario. Algunas pequeñas y medianas empresas y cooperativas desaparecerán y otras se fusionarán o serán adquiridas por grandes empresas competidoras. Todo ello facilitará la necesaria cooperación entre los distintos eslabones de la cadena agroalimentaria y facilitará la cooperación competitiva. El encarecimiento de los costes de producción y transporte por la previsible subida del precio del petróleo y de las materias primas agrícolas, y el inevitable impacto que esto tendrá sobre los márgenes de venta y los tipos de interés acelerarán este proceso. La deslocalización de la empresa agroalimentaria se intensificará, no solamente por razones de costos y producción, sino también de proximidad y adaptación a los nuevos mercados del s. XXI.

Los biocarburantes continuarán compitiendo con los alimentos e impactando en el precio de las materias primas agrícolas y la biotecnología irrumpirá con renovada fuerza en todos los procesos de la producción agroalimentaria, siendo un factor compensador de la escasez y encarecimiento de los productos agroalimentarios. Ante este previsible escenario en profunda transformación, destructora y creadora, en el que habrá un menor número de competidores, pero más fuertes, eficientes y globales, las empresas agroalimentarias que sepan anticiparse y adaptarse en su dimensión y modelo de negocio serán las que se apropiarán de un nuevo futuro, pleno de oportunidades.

 

 


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