Ed. Fruit Logistica 2018 / Hortícolas

Agua y agricultura: el peligro de las relaciones adictivas. CSIC ALMERÍA

Jaime Martínez Valderrama, investigador de la Estación Experimental de Zonas Áridas (CSIC).

sequía

Una sequía se puede definir de varios modos. La sequía meteorológica se corresponde con el concepto instintivo que tenemos de ella: la falta de lluvias. La sequía hidrológica tiene lugar cuando la escasez de lluvias persiste y sus efectos se dejan notar en el caudal de ríos y manantiales o en el nivel freático. La sequía agrícola se desencadena cuando la falta de agua afecta a los cultivos y al ganado. Finalmente, cuando el nivel de los embalses baja hasta descubrir las ruinas de los pueblos que fueron inundados, la sequía aparece en los telediarios y es entonces cuando se desata la alarma social.

Las sequías forman parte de las características climáticas de prácticamente todas las regiones del mundo, de modo que más de la mitad de la Tierra se ve afectada por ellas cada año. Su mayor  frecuencia y duración, como consecuencia del cambio climático, está recrudeciendo la competencia por el agua, lo que provoca conflictos entre los diversos sectores económicos.

“El consumidor debe jugar un papel clave, favoreciendo las prácticas y productos que apuesten por la sostenibilidad”

La agricultura de regadío fue la solución para paliar el efecto de las sequías y así aumentar y estabilizar los rendimientos agrícolas. El uso de aguas subterráneas, la construcción de embalses, los trasvases o la mejora de la eficiencia son los pilares en los que se sostiene el regadío. Sin embargo, muchas de estas soluciones son transitorias y espolean un modelo adictivo al agua que lleva al sistema a sus límites. El último mapa del Índice de Precipitación Estándar (que compara la precipitación del año con la media histórica) elaborado por la AEMET ofrece un dato demoledor: en Alicante, Murcia y Almería ha llovido por encima de la media. Es decir, sin sequía meteorológica se ha dado una sequía agrícola, lo cual habla, más que de mala suerte, de mala planificación.

Mejorar la eficiencia del uso del agua en una parcela es deseable, sobre todo para esa parcela. Pero desde un punto de vista más agregado solo tiene sentido si el agua que allí se ahorra no da lugar a una nueva parcela de regadío. La lucha contra la desertificación y reducir nuestra vulnerabilidad frente a las sequías pasa por fomentar modelos que presten más atención a la calidad del producto (y aquí el secano gana puntos) y desactiven la dependencia de la agricultura al regadío. Para esta reconversión del sector el consumidor debe jugar un papel clave, favoreciendo las prácticas y productos que apuesten por la sostenibilidad de los recursos hídricos.

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