Ed. Fruit Logistica 2019 / Personalidades

La crisis de precios en la hortofruticultura

David del Pino, Experto en Marketing Agroalimentario.

Hay que recordar que no nos es fácil hablar, con cierto alejamiento intelectual, de este tema a los que estamos metidos en el negocio “hasta las trancas”, de manera personal y emocional. Y que detrás de la frase “crisis de precios”, lo que hay son familias que sufren porque los ingresos no les llegan. Por eso llevo un tiempo diciéndome: “David, no entres en polémica. No se te ocurra escribir sobre los precios bajos”.
Ya veis que no ha servido de nada. Y no quería entrar en polémica porque las soluciones no son sencillas, no dependen sólo de nosotros mismos, ni de nuestros gobiernos, ni de la UE. Aunque, seguramente, hay mucho que podemos hacer cada uno en nuestro ámbito.
En ese sentido y siendo consciente que la formación de precios es un tema complejo que está definido por múltiples factores y muchos de ellos fuera del alcance de los productores, me interesan, especialmente, aquellos otros aspectos en los que sí podemos tener cierta influencia.
Todo estudio de la economía, excepto algunas ramas completamente empíricas, se basa en una teoría del comportamiento de las personas. En el pasado, se ha supuesto que este comportamiento era eminentemente racional; y esto es, precisamente, lo que vienen a desmontar los autores de la nueva economía conductual, también conocida como: behavioral economics o psicoeconomía (Ver p.ej.: Daniel Kahneman en su obra “Thinking, Fast and Slow”).
Una decisión supuestamente racional que tomamos los agricultores cada año (los fruticultores cada ciclo de nuevas plantaciones), es decidir qué superficie vamos a plantar de cada producto. Junto con la variación de los rendimientos agrícolas por condiciones de cultivo, medios y clima, esta decisión es la que más impacto tiene en las variaciones de la producción y, por tanto, de los precios anuales.
Una de las primeras teorías que abordaron el tema fue el famoso Teorema de la Telaraña; analizado por primera vez por Ezekiel en 1938 (The Cobweb Theorem. Quarterly Journal of Economics. Vol.53 –pp.255-280-). El Teorema de la Telaraña se basa en la hipótesis de que el agricultor planifica su producción en función del precio del año anterior. Es decir, que si los precios han sido buenos en el año anterior, al siguiente, muchos agricultores se sentirán atraídos; lo cual, hundirá los precios. Y al año siguiente, debido a los malos precios por exceso de producción, muchos abandonarán, provocando una subida de precios generalizada.

¿A qué les suena?
Es evidente que no todos los agricultores ni todas las empresas siguen esta dinámica pero, aún son los suficientes para provocar la repetición de un ciclo de precios (en condiciones de estabilidad de rendimientos).
Lo que trato de decir es que, decidir la superficie basándonos en los precios de la campaña anterior no es nada racional, sino más bien al contrario, pues se crean expectativas irracionales.
Para tomar una decisión racional se ha de tener en cuenta la información de mercado, producciones de otros orígenes, capacidad de venta, contratos establecidos, restricciones de mercado, cultivos sustitutivos y un largo etcétera.
Toda esta información no suele estar disponible para los agricultores. Son las organizaciones comerciales (cooperativas y otras comercializadoras) las que pueden integrar este conocimiento y diseñar un plan de plantación coherente basado en expectativas racionales.
Aunque para que, con este factor en concreto, tengamos capacidad de influencia, la mayoría de agricultores deberían estar adscritos a organizaciones que planifiquen la producción.
Por tanto, y como primera medida, evitemos el: “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Asóciense a organizaciones que dispongan de herramientas de disciplina de planificación de cultivos. Nos irá mejor a todos.

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