Tomás García Azcárate

SOLO LOS PARANOICOS SOBREVIVEN por Tomás García Azcárate.

El título de este blog refleja una realidad. España, y Andalucía, es la huerta hortofrutícola de invierno de Europa, y podemos estar orgullosos de ello, fruto del esfuerzo de generaciones de empresarios y trabajadores. ¿Pero por cuánto tiempo? El mundo está cambiando y vamos a intentar con este blog generar inquietud e intranquilidad, fases previas al inconformismo y a las ganas de luchar. Sígueme en Twitter : @Tgarciaazcarate

La crisis citrícola merece una reflexión (y acción) colectiva

cítricos

El sector citrícola está atravesando esta campaña una crisis de una gravedad como no se registraba hace años. Ya nos hemos ocupado repetidas veces de ello, pero quizás convenga volver a reflexionar para acertar primero el diagnóstico y luego trabajar en las soluciones.

Me han llamado la atención algunos de los tweets que han circulado estos días. Para muestra, bien vale un botón:

¿Cuán grande es la responsabilidad de las naranjas de África del Sur en esta crisis? Esta es una crisis multifactorial y, por lo tanto, es una pregunta más que legítima.

Nuestros competidores, como España, están ampliando su calendario de producción hacia variedades más tardías, de nuevo como España. Se han plantado más de 5.000 hectáreas de pequeños cítricos, esencialmente tardíos, en Sudáfrica entre los años 2015 a 2017. Sus híbridos (Nadorcott, Orri) dan frutos de mejor calidad que nuestras clementinas y mandarinas ultra-precoces. Había un hueco de mercado, lo han visto y se han metido en él.

El mismo fenómeno, aunque menos acentuado, se ha dado también en Argentina, Uruguay e incluso Perú. Esto coincide con la entrada en plena producción de las plantaciones de Oronules, Orogros o Clemensoon realizadas en España en los últimos años.

Por otro lado, estamos ante una gran cosecha en España, entorno a los 7 millones, pero también en otros países como Egipto o Marruecos. En este último país, se suman la entrada en producción de las nuevas plantaciones del Plan Verde con la coyuntura de una buena producción.

Una oferta pletórica, por un lado, con el líder que todavía cubre el 70% del mercado, España para que no lo olvidemos, desorganizado y dividido. Del lado de la demanda, tampoco el año ha sido propicio. Las suaves temperaturas de los últimos meses del año pasado en Europa no han estimulado el consumo.

La crisis está servida. A esto le debemos sumar que, por causas climatológicas y del propio árbol, esta cosecha es abundante, pero aún más abundante en pequeños calibres, desgraciadamente, de nuevo, sobre todo en las variedades tempranas.

La situación era pues extraordinariamente complicada. Es posible que las nuevas facilidades brindadas por la Unión Europea a Sudáfrica hayan sido la guinda sobre el pastel, la gota de agua que colma el vaso, en mal momento además. Pero si España tiene una balanza agraria hoy excedentaria, estamos hablando de más de 10.000 millones de euros anuales, es también porque se han abierto nuevos mercados para nuestros productos.

No podemos, por un lado, pelarnos y alegrarnos cuando conseguimos abrir nuevos mercados y pedir que el nuestro no se abra, o incluso se cierre. Estratégicamente, la agricultura española está saliendo ganadora del proceso de liberalización del comercio.

Es verdad que no solo hay ganadores en mayor o menor medida, también hayperdedores en mayor o menor medida también. Es legítimo solicitar entonces ayudas a los poderes públicos para abordar las dificultades y obstáculos que surgen. De lo que se podría hacer (y no hacer) a nivel europeo hemos escrito en previas entradillas.

Para ello, lo primero es que el sector esté en orden de batalla, y no lo está. Esta semana he visto en mi frutero de Madrid clementinas frescas de buen calibre a 2 euros y unas clemenules envejecidas y birriosas, de pequeño calibre, con piel cuasi levantada, a 0,85 € el kilo, ¿qué pintaban estas últimas, este vaciado tardío de cámaras frigoríficas, en la tienda? Mientras tanto, las toneladas conseguidas para el envió a zumo no se cubren.

Esto se llama interprofesión, extensión de reglas, visión estratégica, voluntad de construir juntos un futuro a la garantía de avanzar hacia la paz de los cementerios, al menos para muchos productores e incluso comercializadores.

Un comentario

  1. Salvador Roselló
    Salvador Roselló 09/02/2019 en 8:03 |

    Bueno, nos queda a los oeqyelos productores, recoger trastos, cultivsr para el sutoabastecimiento, practicar el trueque, evitar osgos fiscakes y cargas como seguros etc, vivir de las subvenviones y a ver como en las grandes ciudades luchan por el ecologismo rural sostenible, de boca

    Reponder

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