Reivindico el derecho al uso de nuestro tiempo en el mundo rural

Por Irene Guillen Luna,  Ingeniero Agrónomo y Ex Presidenta del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Agrícolas de Murcia.

Irene

La actividad frenética del día a día de una mujer, casa, trabajo, familia, relaciones sociales, estudios,…, es el resultado de una extraordinaria gestión del tiempo; y es que el tiempo y su eficiente gestión es oro, sobre todo para la mujer. Mi eterna pregunta ha sido, y es,  a cuánto hemos tenido que renunciar cada una de nosotras para alcanzar nuestras metas, por insignificantes que sean o lo parezcan.

Para reivindicar la igualdad de género no creo sea preciso ir a la huelga o iniciar una batalla ni legal, ni física entre hombres y mujeres; se trata de una cuestión de conciencia que debemos enseñar en el hogar, en el seno de la familia, involucrando además a la comunidad docente, donde todos estemos convencidos en la igualdad y en el reparto de tareas.

Evidentemente no soy partidaria de una huelga de género pero si considero que puede ser la única forma con la que la mujer pueda llamar la atención de nuestros dirigentes; sobre todo las mujeres del mundo rural, donde esa actividad frenética a la que hacíamos mención al principio de este articulo, no les permite usar otro medio para reivindicar su derecho a disponer del tiempo que les roba el sexo masculino por su negación a compartir tareas en el hogar, a compartir el cuidado de sus familiares enfermos, al cuidado de los hijos…; sin tener conciencia de que su postura trasciende al plano social, masculinizando el medio rural y el que no es rural, tal como señale en otro artículo recientemente publicado en redes sociales sobre la importancia de la mujer en el agro social.

En ese artículo se atribuía la masculinización del campo, como consecuencia de la mayor emigración femenina hacia las áreas urbanas en busca de nuevas oportunidades, huyendo de la existencia de:

  • Mayor desigualdad, relacionada con un contexto de mercados laborales restrictivos para las mujeres rurales.
  • Ausencia de la visualización del trabajo de la mujer en el campo.
  • Menosprecio hacia todo lo rural con la consiguiente sombra sobre el relevo generacional.
  • Desconsideración hacia las iniciativas empresariales de las mujeres cuestionando su profesionalidad, dejándolas sin voz ó ignorando sus aportaciones para de seguido masculinizarlas y hacerlas propias.
  • Ausencia de la mujer en la toma de decisiones.

Evidentemente esta situación discriminatoria de la mujer en el medio rural se traduce en una grave consecuencia para el campo como es la ausencia de relevo generacional en el sector agrario.

A nivel nacional, las mujeres representan más de un tercio de las personas que trabajan en las explotaciones agrarias familiares, y sin embargo en la mayor parte de los casos, son hombres quienes aparecen como titulares de las explotaciones, mientras que ellas figuran en la categoría de “ayuda familiar”, muy a pesar de su involucración en la empresa agraria, quedando reflejada su aportación como una extensión de sus tareas domésticas y de cuidados íntimamente ligados al rol reproductivo.

De forma silenciosa, la emigración de la mujer hacia las grandes urbes, ha situado al 60% de los pueblos españoles en circunstancias propicias al despoblamiento perdiendo población desde principios de siglo. Tal es la situación que la mitad de ese porcentaje de pueblos está directamente en riesgo de extinción, según un informe de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP).

Si bien, en la Región de Murcia, la tendencia es bien distinta, solo cinco de las 45 localidades de la comunidad se enfrentan a la despoblación, con una pérdida de habitantes durante el periodo 1999-2015. Se trata de Aledo, Moratalla, Ojós, Ricote y Ulea. Los otros 40 municipios de la Región han visto incrementado el número de vecinos, y en 32 de ellos el aumento es superior al crecimiento demográfico nacional; permitiendo afortunadamente afirmar que en la Región de Murcia cada vez son menores las diferencias de oportunidades para los habitantes de su entorno rural, aunque aún quedan núcleos donde la llegada de energía eléctrica, agua corriente, la presencia continua de un maestro que enseñe a sus niños o la de un medico que cuide de la salud de ese núcleo rural sea aun un sueño, sobre todo dependiente del número de habitantes con los  que cuente, hace viable o inviable el despoblamiento de las zonas rurales.

No obstante, la discriminación de la mujer sigue sombreando el sector agrario con una incidencia mayor que en el resto de sectores productivos. Por este motivo la mujer rural continua ambicionando salir de su entorno como medida, no solo de liberación ante la discriminación, sino además como medida de superación personal existiendo aún ciertos complejos a la hora de asumir la condición de pertenencia al medio rural que, según mi humilde opinión, te da la suerte de de haber nacido y crecido en ese entorno, tan peculiar y activo como es el de la Región de Murcia, en el que la calidad de vida es un aspecto muy positivo a considerar, tan solo sea por esos privilegios sensitivos que nos ofrece.

La mujer rural, para mí y de forma general, es primorosa, trabajadora nata, imaginativa, ingeniera, independiente, creativa, audaz, enérgica…… Su entorno estimula su instinto en la búsqueda de alternativas que acerquen a los suyos privilegios del medio urbano. Sólo tenemos que ayudarlas a creer en ese mundo de oportunidades que les brinda su entorno, poniendo en valor su contribución al desarrollo de la comunidad  agraria para que opten por quedarse.

Para paliar parte de esta situación y a efectos de hacer visible la actividad de la mujer en el campo aparece la Ley de titularidad compartida de 2011, la misma que ha resultado un FRACASO en 7 años de vigencia como consecuencia de todo lo anteriormente expuesto incluidas trabas burocráticas de efectos recaudatorios. Tanto es así que en la Región de Murcia solo una mujer ha hecho uso de este derecho, mientras que la cifra se eleva a 200 en todo el territorio nacional.

Evidentemente estos datos son decepcionantes y empujan a exigir a nuestros políticos y dirigentes poner en valor el concepto del medio rural, la agricultura, la  ganadería,  la pesca, la  silvicultura y con ello el concepto RURAL de nuestra del sector agrario, con medidas que revaloricen la posición de la mujer como principal elemento del asentamiento poblacional de nuestros pueblos; a la vez que eviten la necesidad de manifestaciones y huelgas reivindicativas, que además de profundizar aún más en la brecha salarial existente entre hombres y mujeres, permita algo a lo que ambos tenemos igual derecho, como es el uso de nuestro tiempo como mejor consideremos, sin la consideración de roles preestablecidos.

Un comentario

  1. Marìa Fernanda Campa Fernández
    Marìa Fernanda Campa Fernández 10/03/2018 en 11:12 |

    Que suerte encontrar a Irene en mi vida! Pero el gran afortunado es mi amigo Paco Seva, no puedo encontrar una compañera de viaje mejor! Siempre con una sonrisa en su boca, siempre con una palabra amable y un gesto de VAMOS A COMERNOS EL MUNDO!
    Admiro su fuerza, tenacidad, elegancia y humanidad, gracias Irene, tu camino nos ayuda a ir descalzas!

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