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Crece el cultivo con residuo cero

Junto con el bio, es uno de los segmentos de mercado que más crece en el sector de las frutas y hortalizas.

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Convencional o ecológico. Así se divide hoy el lineal de frescos de un supermercado para cualquier consumidor y prácticamente todos tienen clara su diferenciación. Sin embargo, en los últimos años, un nuevo concepto comienza a imponerse en las grandes cadenas, que incluso diferencian este tipo de alimentos frente a otros: el residuo cero. Pero, ¿qué es?

Nos reunimos con Javier Arizmendi, gerente de Operaciones y Coordinador de Proyectos de Zerya, la única marca española de certificación de productos residuo cero, y con él desgranamos el concepto y su impacto en el sector hortofrutícola. La agricultura residuo cero se basa en la producción de alimentos sin residuos de fitosanitarios y, para certificarlo, se requiere que los resultados de los análisis multirresiduos sean todos inferiores a 0,01 ppm (partes por millón) para cada una de las materias activas utilizadas durante el cultivo.

El estado fitosanitario del cultivo debe estar bajo control en todo momento

Este modelo productivo encaja a la perfección con las demandas del consumidor actual, preocupado por su salud, su alimentación y el medio ambiente. Pero, ¿resulta igualmente atractivo para el productor? Arizmendi repite varias veces durante nuestra conversación la palabra ‘disciplina’ en clara alusión al esfuerzo que debe hacer el agricultor que quiera iniciarse en el residuo cero. “Es necesario un cambio de actitud y de filosofía de producción”, nos explica y añade que “cualquier productor que quiera hacer residuo cero debe tener la mente preparada para cumplir con la disciplina que conlleva”.

Los pilares sobre los que se sustenta son la prevención y la previsión. La primera es fundamental para adelantarse a los problemas que puedan surgir durante el desarrollo del cultivo como focos de plagas y enfermedades. Para ello, se utilizan modelos predictivos de enfermedades fúngicas, monitoreos o trampeos entre otras herramientas. “El estado fitosanitario del cultivo debe estar bajo control en todo momento”, afirma Arizmendi.

Con respecto a la previsión, esta es clave a la hora de comercializar el producto para poder cumplir con los programas cerrados con clientes. A priori, los cultivos residuo cero, tienen algunas restricciones en cuanto al uso de materias activas más agresivas y persistentes, por lo que en caso de tener que usarlas, las parcelas se deben sacar del alcance de la certificación hasta el final de la campaña, de ahí que sea conveniente contar con entre un 20% y un 30% más de producción prevista para evitar contingencias.

¿Un esfuerzo recompensado?
Para Arizmendi, en general, los compradores y distribuidores sí valoran el esfuerzo realizado para sacar adelante estas producciones y, de hecho, suelen pagarlas mejor. Asimismo, llama la atención sobre el hecho de que, poco a poco, sus costes comienzan a equipararse al convencional: “Los fitosanitarios de amplio espectro, que son los más baratos, son los que están cayendo del registro europeo, luego el residuo cero ya no es mucho más caro que el convencional”.

Residuo cero y bio son los segmentos de mercado que más crecen actualmente y, en el caso del primero, Arizmendi comenta que no estamos hablando de un modelo que se implantará en el largo plazo, sino que está más cerca de lo que parece, cada día hay más cadenas e industria que lo piden específicamente. Por ello, insiste en que quienes quieran iniciarlo no lo demoren mucho. Zerya, por su parte, pone a su disposición todo su conocimiento y actividades formativas para que aprendan a usar todas las herramientas a su alcance.

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