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Unión Europea

«La citricultura no puede ser utilizada como moneda de cambio por la UE»

Enrique Bellés es desde esta semana el nuevo presidente de la interprofesional citrícola Intercitrus que, después de años de inactividad, vuelve a dar señales de vida. Ha sido la grave crisis que vive hoy el sector la que ha actuado como detonante para que la asociación que engloba a organizaciones agrarias y operadores comerciales reclame protagonismo como una parte importante de la solución.

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–¿Cómo explica la inactividad de Intercitrus durante una década?

–El detonante fue la ausencia de acuerdo a la hora de gestionar temas relacionados con las acciones de publicidad y promoción de producto. Los estatutos de Intercitrus indican que las decisiones deben ser adoptadas por unanimidad, lo que generó una situación de bloqueo que condujo a una paralización de la actividad y a la latencia de la interprofesional. Pero aquello ya es historia. La dinámica del sector y de la actividad citrícola hacen que se den los factores necesarios para reactivarla. Entendemos que en el contexto actual la interprofesional puede y debe jugar un papel relevante en defensa de los intereses del sector citrícola.

–Ya fue presidente entre el 2007 y el 2008. ¿Ha cambiado mucho el sector desde entonces?

–A nivel de la demanda, en los últimos años se ha producido una gran concentración de los operadores que, sin embargo, no ha venido acompasada con una dinámica paralela de concentración de la oferta. Alcanzar ese grado de concentración en términos equivalentes supone uno de los retos que hemos de afrontar como sector a corto y medio plazo, para generar un mayor equilibrio que garantice nuestra competitividad y refuerce nuestra capacidad negociadora.

–En Castellón, el sector tiene problemas específicos que no se dan en otras zonas, como un excesivo minifundismo y dependencia casi total de la clemenules. ¿Qué se puede hacer para revertir esta situación?

–En los diagnósticos realizados se apuntan factores como la concentración de la oferta, la estructura de la propiedad, la diversidad y el calendario varietal, la capacidad de adaptación a los cambios en la demanda… Por lo que respecta a los productores, desde las administraciones se impulsan medidas que son de utilidad para generar esa dinámica de cambio que necesita el sector. A nivel europeo contamos con un sistema de Organizaciones de Productores, un elemento dinamizador de la concentración de la oferta y que permiten el desarrollo de Programas Operativos (POs).

A nivel estatal, el Ministerio de Agricultura ha consensuado con el sector un plan de medidas para hacer frente a la actual situación de crisis. Por último, a nivel autonómico, y en el caso concreto de la Comunitat, se ha aprobado una ley de Estructuras Agrarias que, debidamente desarrollada y dotada económicamente, debe ser un clave para hacer frente los problemas derivados de la propiedad de la tierra.

–¿Qué exigencias va a transmitir a las administraciones?

–Hay factores que requieren de una acción coordinada entre las entidades representativas del sector y las administraciones. En primer lugar, la falta de reciprocidad en los acuerdos comerciales entre la Unión Europea y terceros países. La agricultura en general, y la citricultura en particular, no puede ser utilizada como moneda de cambio en las negociaciones comerciales de la UE, como ha sucedido en los últimos años.

No se puede facilitar la entrada de cítricos procedentes de esos países sin un estudio de impacto y sin la lógica reciprocidad cuando intentamos acudir a países terceros. Las facilidades que ofrecen esos acuerdos comerciales incrementan el riesgo de contagio de nuestras plantaciones con plagas y enfermedades foráneas, tal y como demuestran informes de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

Por último, otro tema relevante es el brexit, que está generando gran incertidumbre y ante el que la Unión Europea debe defender nuestros intereses, evitando que la salida del Reino Unido del club comunitario nos cause perjuicios directos o que provoque disrupciones en los mercados.

–¿Coincide con la opinión de los agricultores respecto al perjuicio que supone la excesiva presencia de naranja sudafricana en el mercado o cree, como Francisco Rodríguez Mulero o el ministro Luis Planas, que las cifras no apoyan esta afirmación?

–La tendencia de entrada en nuestros mercados de fruta procedente de países terceros es creciente, pese a que las cifras concretas estén caracterizadas por dientes de sierra que puedan avalar otras opiniones. Esto es una consecuencia directa de la tendencia aperturista de la Unión Europea y no se circunscribe única y exclusivamente al caso sudafricano. Sucede lo mismo con países como Egipto, Turquía, Brasil en el caso de los zumos…

Sudáfrica supone un problema, cierto, pero no es el único. Volvemos al terreno de la reciprocidad. Por un lado, en el terreno de las normas laborales, medioambientales o de seguridad alimentaria. Por otro, en el de las exigencias fitosanitarias, para evitar que productos que no podemos utilizar sean empleados en el cultivo de cítricos de terceros países, suponiendo una ventaja competitiva.

–¿Cree que la campaña citrícola será mejor que la del año pasado o el descenso de la producción hace prever más crisis?

–Es necesario destacar que, pese al descenso de producción que prevé el aforo de esta campaña, habrá fruta de muy buena calidad, y en cantidad suficiente, para abastecer los mercados con normalidad y satisfacer las demandas y necesidades de los consumidores. Bajo esta premisa, será importante para el desarrollo de la campaña que todas las variedades entren en dinámica comercializadora en su momento óptimo de calidad. En todo caso, faltan elementos para hacer una valoración, ya que cada campaña tiene sus particularidades y está sometida a factores que escapan a nuestro control. La meteorología, como ocurrió la campaña anterior, incluso sin ser extrema, también puede condicionar.

–¿Representa el puerto de Vigo una amenaza importante en su papel como punto de entrada de naranja sudafricana?

–Si no entra a los mercados comunitarios por Vigo, lo hará por otros puertos, como el de Rotterdam o cualquier otro que ofrezca facilidades y una logística adecuada. Lo importante es saber encontrar un equilibrio adecuado entre los lícitos intereses económicos de las Autoridades Portuarias y el control de la amenaza fitosanitaria que puede suponer la entrada de cargamentos contaminados con organismos nocivos, plagas y enfermedades.

–¿Qué opina de que el Comité de Gestión de Cítricos presentara un recurso contra la ley autonómica que regula los contratos entre productor y distribuidor?

–Existen sectores en los que se ha constatado que la existencia de un contrato homologado entre producción y distribución es un hecho positivo, que ayuda a equilibrar las relaciones entre ambas partes y a generar transparencia, estabilidad y confianza en las relaciones de los distintos eslabones de la cadena. Los argumentos de cada parte para defender los términos en que deben contextualizarse sus relaciones comerciales son respetables.

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