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Los ‘peligros’ que acechan al aguacate

El boyante aguacate español se enfrenta a tres amenazas que dificultan su futuro: nuevas plagas, endogamia y colapso hídrico.

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aguacate

Plantar aguacates en España era un milagro hasta que en 1966 el alemán Dieter Wienberg se empeñó en hacerlo realidad. Así nació La Mayora, finca experimental del CSIC que fue el epicentro de la revolución del ‘oro verde’ que, medio siglo después, está dando sus frutos. En mitad de un enloquecimiento mundial por el aguacate, entre Málaga y Granada están plantados la mitad de todos los aguacates que se producen en territorio europeo

En efecto, sacar adelante en el sureste español un cultivo habitualmente tropical fue todo un mérito agronómico que hoy está dando pingües beneficios a los agricultores de la ‘Persea americana’. En los últimos cuatro años, el precio del aguacate se ha duplicado como consecuencia de su demanda, y con él, la producción nacional de este untuoso fruto.

Según el último informe de la WAO (World Avocado Organization) que ha visto la luz estos días, el año pasado los españoles nos comimos 19 millones de aguacates más que en 2017, el consumo fue un 35% mayor. Sin embargo, sobre el futuro del aguacate español se ciernen varias nubes negras que dan cuenta de la fragilidad de esta naciente industria del ‘oro verde’.

Un aliado contra los enemigos
Dos de las palabras más temidas por un cultivador de aguacate español son ‘Rosellinia necatrix’, el nombre del patógeno causante de la podredumbre blanca radicular. Este hongo está en el suelo, es muy difícil de eliminar y contagia a otros árboles con el contacto subterráneo de las raíces. Recientemente, investigadores andaluces se fijaron en algunos árboles de aguacate que, pese a estar rodeados de ejemplares enfermos de podredumbre, seguían sanos.

La clave no es que sus raíces estuvieran inmunizadas, sino que habían sido ocupadas por otro virus que compite con la Rosellinia pero que, por fortuna para el aguacatero, no le causa enfermedad. Esta nueva especie, de origen fúngico y bautizada Hipovirus Enteleuca 1 (EnHV1) nunca antes había sido identificada y se ha convertido en una de las mejores noticias que los científicos dedicados al aguacate han recibido en los últimos años.

El EnHV1, cuyo descubrimiento apareció en la revista ‘Frontiers in Microbiology‘, podría convertirse en un arma de control biológico para proteger a los árboles de Málaga y Granada, que en los últimos años han recrudecido su batalla contra la podredumbre blanca —que además, se ha extendido recientemente por primera vez a los árboles del mango— y contra el ácaro marrón (Oligonychus punicae) que hace dos años protagonizó una sonada plaga en la Axarquía.

El talón de Aquiles
Una sola letra basta para convertir a un botánico prescriptor de los aguacates en todo un delfin de Hitler. Mientras en 1925 el nazi Rudolf Hess salía de prisión por haber organizado el Putsch de Múnich, en California Rudolph Hass se compraba una finca de aguacantes de la variedad Fuerte —los que tienen la piel verde— y tras hacer varios cruces obtenía el negro y rugoso manjar que hoy conocemos.

El aguacate Hass creado por el botánico estadounidense supone hoy el 70% de los que se producen en nuestro país, y eso es un problema. O puede llegar a serlo. Los que se consumen habitualmente en España son un híbrido entre aguacates guatemaltecos y mexicanos, y han llegado a ese lugar privilegiado porque presentan muchas ventajas con respecto a otras variedades: para el consumidor, su piel pasa de verde a negra, lo que permite ver cuándo y cómo está de maduro; para el agricultor, el Hass alarga su recolección durante seis meses, de diciembre a junio.

Sin embargo, investigadores de La Mayora advertían que «la dependencia de una única variedad que se produce en distintas regiones del mundo puede convertirse, a la larga, en una debilidad para países que, como el nuestro, tienen una producción comparativamente pequeña y con pocas opciones de crecer«. Esta preocupación viene dada por las exigencias climáticas de esta especie y que otros países son capaces de producirlos durante todo el año.

«La apuesta por satisfacer al mercado europeo únicamente con aguacates de la variedad Hass puede llevar a España a convertirse en un mero puente para la reexportación de aguacate Hass de otras regiones del mundo, algo que ya se hace, al menos, cuando no hay producción de Hass español, lo que, sin duda, puede amenazar el futuro del cultivo en nuestro país», sostienen estos científicos encabezados por Iñaki Hormaza.

Sequía a largo plazo
Producir un kilo de aguacates requiere, según datos del Water Footprint Network, unos 2.000 litros de agua (mucho más de lo que requieren un kilo de verduras, cereales, frutas o incluso leche) y eso, en un clima como el nuestro, tampoco son buenas noticias cuando una gran parte de la demanda anual europea depende de nuestros aguacates.

Un reciente estudio del Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera (IFAPA) de Andalucía se centraba precisamente en las estrategias a largo plazo para poder seguir cultivando aguacates en la región sin exponerse a un colapso hídrico que obligue a elegir entre regar o beber, como ya ha ocurrido en algunas regiones sudamericanas especialmente dependientes de esta fruta. Entre sus principales conclusiones, que es necesario introducir medidas para garantizar la sostenibilidad de los cultivos de aguacate en el sudeste andaluz.

Mejorar la eficiencia de los sistemas de irrigación, promover estrategias de riego deficitario o estudiar las preferencias del consumidor europeo son algunas de las medidas recomendadas para que la industria del aguacate español no muera de sed o de éxito en un entorno cada vez más desertizado. «La agricultura del aguacate tendrá que adaptarse al cambio climático y ayudar a mitigar sus efectos promoviendo políticas de conservación del suelo y del agua», y lo más difícil de todo, «mejorando el rendimiento de las cosechas y el uso eficiente de los recursos».

Todo suena muy lógico, pero mientras tanto, según denuncian grupos locales como el Gabinete de Estudios de la Naturaleza de la Axarquía (GENA), en la región más subtropical de la Península, los cultivos de secano son poco a poco reemplazados por mango y aguacate, mucho más lucrativos.

 

Fuente: El Confidencial

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