Para hacer frente a esta amenaza necesitamos fortalecer los arsenales de defensa de las plantas, y una de las alternativas que se está estudiando es la incorporación a las mismas, mediante ingeniería genética, de genes defensivos de especies filogenéticamente lejanas como son los inhibidores de proteasas presentes en la cebada”.

Las plantas son organismos sésiles, es decir, que nacen, crecen y mueren en el mismo sitio. Al no disponer de la capacidad de desplazarse ante determinados ataques, su evolución les ha proporcionado una gran diversidad genética, permitiendo a las plantas superar distintas situaciones de estrés. A pesar de ello, anualmente, alrededor del 40 % de la producción mundial de cultivos se pierde debido a plagas y patógenos, y un 13 % debido a insectos.

Por su parte, José Pío Beltrán, profesor de investigación del CSIC también en el IBMCP, ha explicado que “en este trabajo se ha investigado el efecto in vivo de un inhibidor de serín proteasa (BTI-CMe) y un inhibidor de cisteín proteasa (Hv-CPI2) aislados de la planta de la cebada sobre el insecto Tuta absoluta. Para ello hemos introducido ambos inhibidores por separado y también juntos en plantas transgénicas de tomate. Las larvas de Tuta absoluta alimentadas con las plantas transgénicas dobles mostraron una notable reducción de peso. Además, sólo el 56 % de las larvas alcanzó la etapa adulta. Los adultos emergentes mostraron deformidades de las alas y reducción de la fertilidad”.

Y añade que el equipo también ha estudiado el efecto de la ingesta de los inhibidores de proteasa sobre las enzimas digestivas de los insectos.

Los resultados del trabajo muestran una disminución en la actividad tripsina larvaria. Los inhibidores de proteasas en las plantas transgénicas de tomate atrajeron a especies de insectos depredadores de la Tuta absoluta, como el Nesidiocoris tenuis, pero no tuvieron efectos sobre ellos.

Igualmente, los investigadores estudiaron si los mecanismos defensivos de las plantas se activaban en los tomates transgénicos. Curiosamente, la expresión de la cistatina de cebada promovía la defensa de la planta, induciendo el gen del inhibidor de proteasa 2 (Pin2) endógeno del tomate e inducible por herida. Además, en las plantas transgénicas aumentó la producción de tricomas glandulares y se alteró la emisión de compuestos orgánicos volátiles.

“Nuestro trabajo muestra que sería posible llevar a cabo un control integrado de Tuta absoluta combinando cultivos transgénicos y control biológico simultáneamente”, concluye Beltrán.

Este trabajo, en el que también han participado investigadores del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) y sus resultados han sido publicados en la revista BMC Plant Biology, es de gran interés para el sector agrícola, ya que demuestra la utilidad de la co-expresión de diferentes inhibidores de proteasas para el aumento de la resistencia de las plantas a plagas.

Fuente: http://www.agroinformacion.com