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Un nuevo problema fitosanitario acecha a los cítricos valencianos

Los frutos dañados presentan manchas rojizas en la piel, similares a las causadas por algunas afecciones cutáneas en humanos.

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cítricos

Un nuevo problema fitosanitario está extendiéndose en plantaciones citrícolas valencianas, como también de otras zonas productoras de España. Se trata de una dolencia, aparecida hace poco, que provoca manchas rojizas en la piel de los frutos dañados, que suelen presentarse en porcentajes elevados en las fincas afectadas.

Los citricultores que sufren o conocen este mal han comenzado a llamarlo ‘el sarampión de la naranja’, o, en valenciano, ‘la pallola’, porque, efectivamente, dichas manchas tienen bastante similitud con las causadas por la citada enfermedad en la piel de las personas que la padecen (sobre todo niños y en mayor medida antiguamente, porque hace tiempo que existe la vacuna). También pueden parecerse las manchas a alergias cutáneas.

Los investigadores del IVIA descartan por ahora que el problema lo causen ataques de hongos o insectos; lo más probable es que sea una fisiopatía debida a interacciones entre prácticas de cultivo y variables meteorológicas, aunque se desconoce aún el origen exacto y las posibles circunstancias que lo pueden desencadenar o frenar.

En este sentido se agruparía con otras fisiopatías de los cítricos, como clareta, rajado, ‘pateta de rata’ y diversas oleocelosis que se relacionan más o menos con circunstancias meteorológicas y pautas agronómicas, aunque a la hora de la verdad sigue sin saberse a ciencia cierta su origen claro y por qué unos años aparecen mucho, otros poco y algunos nada.

Las zonas más afectadas en estos momentos por la ‘pallola’ se encuentran en La Marina y La Safor, así como en diversos puntos de Murcia y Andalucía. En años anteriores también se detectó alguna incidencia de este tipo en pueblos de La Ribera.

Afecta sobre todo a variedades de mandarinas, pero últimamente también se han visto los mismos síntomas en naranjas, y parece que se va extendiendo. Como estamos en los momentos iniciales de detección y análisis de la cuestión, todas las informaciones pueden resultar parciales y deben cogerse con pinzas, hasta que la investigación progrese sobre datos más extensos y seguros.

Al parecer las primeras señales que se presentan son las de unas pequeñas manchas blanquecinas cuando los frutos todavía están verdes. Luego, conforme va coloreando la piel, las manchas se hacen más visibles y evolucionan hasta un destacado color rojo.

Lo primero que piensan muchos agricultores, cuando se topan con la presencia de esta llamativa ‘pallola’ en sus huertos, es que pueda deberse a alguna reacción relacionada con tratamientos contra plagas, o debida a la aplicación de nutrientes por vía foliar. Sin embargo, una observación más detenida lleva a descartar en gran medida tal posibilidad, porque la parte de los frutos más afectada es precisamente la interna, no la que mira al exterior, que es la que recibe sin duda mayor porción de caldo en las aplicaciones de plaguicidas, y además se aprecian frutos dañados en el interior del arbolado, más protegido y donde llegan peor o en menor medida las sustancias pulverizadas.

Estas manchas no inciden para nada en el interior del fruto, por tanto no tienen ninguna influencia en su condición organoléptica, pero es evidente que suponen un grave problema que deteriora el valor comercial de las cosechas afectadas. Las naranjas y mandarinas con estos defectos en la corteza son rechazadas por los compradores. Quizás menos en una campaña como la actual, porque hay una merma de cosecha generalizada y se tiende a aprovechar más, pero en un año de mayor producción, estos frutos son totalmente de destrío y únicamente pueden tener un aprovechamiento residual en la industria de zumo.

Por todo ello urge que los investigadores se pongan manos a la obra para estudiar este problema y encontrar causas y soluciones antes de que llegue a cobrar mayor magnitud.

 

Fuente: Las Provincias

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