Ed. Fruit Logistica 2018 / Hortícolas

La agricultura murciana en la encrucijada. COAG MURCIA

Miguel Padilla, presidente de COAG-Murcia.

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Los regadíos en Murcia son importantes desde hace muchos años. Los primeros aparecieron en torno al río Segura y sus afluentes; posteriormente, a partir de los años 60 del pasado siglo, proliferaron por la explotación de los acuíferos, gracias a las nuevas tecnologías para la obtención de agua de pozo. Otro paso histórico fue el dado en el año 1979, cuando comenzaron a llegar las aguas del Trasvase Tajo-Segura, que permitieron multiplicar los  cultivos de hortalizas, cítricos, frutales, uva de mesa y otros, complementándose hoy con el agua desalinizada.

Esto permite el empleo directo e indirecto de más de 120.000 trabajadores y un sólido entramado de empresas comercializadoras de frutas y hortalizas, además de entidades de transporte y otras auxiliares, así como una industria conservera de primer nivel; de ahí que la agricultura sea muy importante para nosotros, los murcianos, sin que esto signifique que lo sea para el resto de ciudadanos españoles o foráneos, que pueden sobrevivir sin ningún problema sin nuestras frutas y hortalizas, lo que nos debe hacer ser humildes a la hora de pedir comprensión por nuestros problemas.

Estos se derivan de la falta real de agua, ya que el regadío del que disponemos depende, en un porcentaje superior al 70%, o bien de lo que se denominan aguas externas, es decir, del Trasvase Tajo-Segura –cuyo mantenimiento es imprescindible- y las procedentes de la desalinización de aguas de mar, o lo que es peor, de la extracción de al menos 400 Hm3 de acuíferos declarados oficialmente sobreexplotados, actividad consentida por la Unión Europea mediante una Moratoria que finaliza en el año 2027.

El agua procedente del trasvase seguirá bajando de manera brutal por la mayor persistencia y profundidad de los periodos de sequía debido al cambio climático, lo que agrava aún más, si cabe, la solución al déficit estructural que tenemos en la cuenca del Segura, por lo que la opción que nos queda, en el corto y medio plazo, es profundizar en la desalinización de agua de mar, elevando la producción actual al menos en 450 Hm3. Para ello será necesaria la construcción de dos o tres nuevas plantas de titularidad pública que, además, deberían consumir energía fotovoltaica con el fin de abaratar los costes para los usuarios, apoyándonos en el actual Plan Hidrológico Nacional, en vigor desde el año 2006.

Si dispusiéramos de ese agua, la agricultura seguiría siendo un sector estratégico para la Región de Murcia y el futuro sería más que optimista. De no ser así, podría desaparecer como tal, dejando de estar en manos de los agricultores y agricultoras tradicionales, empresarios autónomos en su inmensa mayoría, para caer en manos de grandes empresas de distribución, muchas de ellas foráneas, que buscan hacerse con la propiedad y gestión privada del agua.

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